martes, 13 de noviembre de 2007

Expo en la Academia de San Carlos



El penúltimo paso para brincar y dejar la maravillosa Academia de San Carlos,(el último sería terminar la sagradas escrituras de la tesis) que recibió durante dos largos años, a alumnos dedicados a estudiar la maestría, ilusionados por obtener un papel que avale sus constantes desvelos, lecturas complicadas relacionadas con Barthes, Lacan, Foucault, Benjamín, Focillon, Kant y Aristóteles, y sus trabajos en taller de producción, se ven acogidos en una Exposición final Degeneración (si estimado lector no va separado).

Entrado a este maravilloso recinto, refugio de la historia artística de nuestro país, donde alguna vez tuvo más vida artística que las esculturas del Zeus y el David y que hoy sólo queda el título nobiliario que se ganó un cuatro de noviembre, en esas grandes puertas de madera que enmarcan y sirven para entrar a otro umbral, ya no tan lleno de vida y que en algunos talleres todavía queda rastros de alumnos que pintan gustosamente sin el descaro de obtener sólo un papel, pasando esas enormes puertas a mano izquierda encontramos una sala de exposiciones bastante amplia, que ha albergado numerosas exposiciones en su haber, y esta ocasión no será la excepción: La generación que nos deja desafortunadamente se despide con una muestra de su talento, generado entre estos muros.

Me pregunto Dr. Atl ¿Qué pensará usted de estos cuadros que en lugar de paisajes ahora se mezclan con la mancha de la urbe?, y no es solamente uno, sino tres los que se tienen que fletar mis ojos, todos bañados de colores lechosos que se vuelve realmente insoportable, y sigo caminando, mi visión se nubla cada vez más, ¿acaso estos jóvenes artistas no cuentan con la sensibilidad suficiente para preocuparse por la retina del espectador?

Estas salas cuentan con bastante obra que en este momento se me ha olvidado; ahora camino y me topo con un intento de instalación con botellas de agua de plástico que guardan imágenes, ¿De qué? No pude verlas muy bien mi retina me dolía, ¡Sr. Boltansky no corra! Espere por favor, tal vez sea un homenaje que el alumno le quiso ofrecer, o tal vez quería adelgazar y no supo que hacer con tanta botella de agua y las luces de navidad del ático de casa de su abuela que se encontró.

Mis ojos en este momento se cierran intento abrirlos, los siento pesados y con un ardor insoportable, trato de huir. Por fin encuentro la luz que se cuela en el patio de San Carlos, corro directamente a las escaleras para ir al baño a enjuagarme los ojos, veo mil caras que me observan (¡no!, otra vez no las alucinaciones se me presentan), pero esta vez no lo son, ahora son pinturas de personajes que encontraron su lugar en las escaleras, la realización es buena y es de lo poco que se salva de la exposición, sin embargo hubieran lucido más, acomodadas en otra forma, o quizás no entendí la idea del autor, ¡bueno que esperan! después de que casi se chingan mis retinas, ya no podía pensar.

Ahora me encamino al taller de producción con la siguiente pregunta: ¿Dónde podré encontrar la Fábrica de verdaderos Artsitas? Por que en una academia no se hacen…






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Arte y metodología


La metodología es requerida y acompaña constantemente a l investigador, como sustento de su trabajo y aval de este; mesa de roble donde reposan las ideas nuevas y viejas, camino que todo investigador debe de andar.

En el arte también acompaña y es guía a teóricos e investigadores de este quehacer.

En el ensayo “Las cuatro metodologías fundamentales en los estudios de la historia del arte” Giulio Carlo Argan señala que los estudios de la historia del arte se desenvuelven siguiendo cuatro metodologías, las cuales son las siguientes: Formalista, Sociológica, Iconológica, y Semiológica.

La Metodología formalista nace con los pensadores a finales del siglo XIX Kant, Herbart y Theodor Visher, esta metodología procede de la teoría de la “Pura Visualidad”, cuyo mayor exponente teórico fue: Konrad Fiedler.

Esta teoría se refiere a que existen modos formales que sirven para comunicar una concepción del mundo y del espacio y subraya que lo importante es el sistema de representación global de la realidad y que las formas tienen un contenido significativo propio.

Por otra parte H. Wolfflin ha tratado de reducir los sistemas de signos representativos a algunas categorías fundamentales, las cuales son: Lineal y Pictórico, Superficie y Profundidad, Forma cerrada y Forma abierta, Multiplicidad y Unidad y por último Claridad y Falta de claridad.

El método sociológico tiene su origen en el pensamiento positivista. La primera historia social del arte fue obra de Hippolyte Taine, la cual es una historia de la sociedad a través de su reflejo en el arte.

El método iconológico resulta de la premisa de que la actividad artística tiene impulsos a nivel del inconsciente individual y colectivo. fue instaurado por Andy Warburg y fue desarrollado por Erwin Panofsky, por Rudolf Wittkower y Ernst Gombrich.

La metodología semiológica tiene por objetivo el factor común de todas las manifestaciones artísticas; la unidad mínima consultiva del hecho artístico. el estudio del signo requiere de una ciencia absoluta. Sustituyendo las interpretación mutable por la rigurosidad de descifrar los signos mediante la determinación de los códigos adecuados; y que el estudioso tiene de este modo la misión de codificar los signos de sus mensajes, de los mensajes signicos.

Los signos son significantes el problema del arte queda englobado en el problema de la comunicación, quedando de este modo la posibilidad de distinguir el mensaje estético del mensaje informativo.







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martes, 2 de octubre de 2007

La era de la discrepancia Ensayo


El túnel blanco de Helen Escobedo, paso-figura-tiempo, perpetuo artilugio permanece como el marco que nos transporta a un recorrido visual de aquellos alborotados sesenta, donde los sueños de jóvenes creadores reflejaban la situación conflictiva que estaba sumergida el país, el recorrer sus paredes blancas arqueadas fundiéndose con la ilusión de un reflejo, que no es más que el nuestro para dar paso y encontrarnos en el Salón Independiente, donde descubrimos la réplica, ahora sólo como un eco, como un recuerdo de aquella época donde José Luis Cuevas, Vicente Rojo, Juan García Ponce, Lilia Carrillo, Leonel Góngora, Francisco Icaza, Kazuya Sakai, Felipe Ehrenberg y Brian Nissen entre otros se unieron para conformar un grupo de jóvenes artistas con ideales y propuestas plásticas que se acercaban a un intento de protesta ; y que, ahora sólo se encuentran presentes a través de un monitor. El recorrido nos lleva a nostalgias seleccionadas y marcamos ausencias en la curaduría de esta exposición de personajes que fueron parte importante en los discursos visuales marcados por esa época y por la reciente, que sólo en algunos casos son nombrados, y en otros la omisión de su nombres, nos hace pensar en los límites que tiene el gusto de los curadores, y efectivamente la era de la discrepancia comienza a tomar forma.

Vicente Rojo, Manuel Felguérez y Kezuya Sakai ante una explosión de figuras geométricas y colores contrastantes ocupan un gran muro de una sala, mientras tímidamente se observa en medio de esta, los cuadernos visuales de Vicente Rojo exhibidos en una estantería como libros que se pretendieran vender. En medio de la sala encontramos vitrinas que muestran el lado conceptual de la exposición. Juegos gráficos sobre papel, los libros de artista nos dejan sorprender cuando en su morfología encontramos partes de objetos como puntas para ensartar carne, en los Libros brocheta de Rodolfo Sanabria, o las Bitácoras de Jan Hendrix, el libro recortado en su interior utilizado como caja para guardar una cuchara y unas cartas en el Fisgón de Rafael Barajas; los libros-objeto de Yani Pecanis acumulación de recuerdos o crítica hacia los trabajos domésticos como Humo
donde una plancha funge como la primera de forros; también encontramos a una de las más importantes figuras en cuanto a libros de artistas se refiere: Ulises Carrión, la experimentación que llevó hacia los libros de artista nos hace recordar al movimiento fluxux; siguiendo con este movimiento encontramos también en la muestra Beau Geste Press editora de libros de artista y conformada por Felipe Ehrenberg, Marta Hellion y David Mayor , con este recorrido nos apartamos de los libros de artista, para apreciar el esfuerzo, la lucha social, los actos irrisorios, la intervención al espacio urbano con lenguajes pictóricos, gráficos, utilización de la fotografía de los grupos de artistas que cobran un gran auge en los setenta.

Las voces de Tepito Arte Acá (sólo nombrado en esta exposición), Proceso Pentágono, Mira, Suma, Germinal, El Colectivo, Tetraedro, Março, Peyote y la Compañía, No Grupo (uno de sus integrantes, el gran Maestro Melquíades Herrera) y Fotógrafos Independientes, resurgen como un grato recuerdo de aquellos liberados setenta, encontramos crítica social y la burla mezclados, lo vemos plasmado en recuperaciones registradas en una cinta, y el monitor nos lleva a los nuevos modos de expresión, la intervención pública como reflejo de una nueva sociedad evolutiva. El humor corrosivo de No Grupo se encuentra encerrado tras una vitrina, los libros de “Arte” de Maris Bustamante, ladrillos serigrafiados, o la tan retomada imagen de la Botella de coca-cola utilizada por Melquíades Herrera junto con un instructivo que cuelga del cuello de esta botella, podemos encontrar un sin fin de eventos, carteles, en esta área de la exposición.

Avanzando por esta gran muestra encontramos un estrecho pasillo, dónde apreciamos por un lado la obra de Francisco Toledo, y por otro imágenes en monitores de plasma surgidas del documentalismo y fotoperiodismo, así encontramos documentados a los Punks, movimiento surgido en 1977 en Inglaterra, y tomado en México en algunos lugares aledaños de la gran urbe central, como Neza o Tacubaya.

De los setenta llegamos en el recorrido a los ochenta, vemos desfilar los cuadros de Julio Galán, Enrique Guzmán, Javier de la Garza y Rubén Ortiz. Recorrido que puede pasar desapercibido, junto con el escueto resumen visual que quisieron dar para los años noventa, recopilando parte de la Bienal de la Habana, algunos artistas mexicanos, Thomas Glassford, Melanie Smith, Francys Alys, la omisión de obra de Gabriel Orozco, el recuerdo utópico de Temístocles 44, Semefo, el museo Salinas, la nostalgia de aquél lugar en la condesa llamado La Panadería, ahora un rincón para tomar té y comer unos ricos Snaks mientras juega Jenga.

Encontramos un atajo por donde volvemos a salir a la primera parte de la exposición, (quizá mal recorrido mío, o mala museografía, no importa) ahí el alivio visual se cura con una parte dedicada a Alejandro Jodoroswsky, en un muro algunos recortes de sus Fábulas Pánicas que aleccionan al espectador, mientras que en la sala de a lado se proyecta pedazos de sus cintas como: El topo y la Montaña sagrada.

Y con este acto de psicomagia, acabo por completar el recorrido visual de treinta años, que si bien funge esta exposición como un recuento más nostálgico que documentativo, sirve para aproximarnos a una re-valoración estética e histórica de finales de los sesenta y la década de los setenta de la historia del arte mexicano.







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